Hay sueños que una noche
consumen su existencia
y otros que se prolongan
con los días.
Simulan los primeros
una especie común
de lepidópteros
y acaban siendo pasto
del trastero y del polvo,
como un experimento
vanguardista.
Levísimos planetas
alumbran los segundos,
como estrellas fugaces
que convocan múltiples
y azarosas travesías.
Ante nuestra mirada
sus figuras componen
un paisaje celeste,
intangible materia
en sereno reposo,
donde habita
la luna del deseo.

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