Estoy con los pobladores
del entresueño
y aunque puede
que no sea igual a ellos,
los puedo oler
cuando cruzan la noche.
Estoy con los pobladores
del entrepiso que queda
justo a mitad de camino
entre la cabeza y la intemperie,
porque tenemos
las rodillas tan largas,
que caminamos oscuros
bajo la noche sola.
Y estoy con la verdad
de los muertos
cuando los peones
del asesinato se esconden
tras las tapias del cementerio
en confortables sillones
y despachos enmoquetados.
Estoy con los pobladores
del entresueño,
puede que no sea igual a ellos
pero los puedo oler
camino de ninguna parte.
Espero que algún día
se impongan sus ojos ardientes
y hagan derretirse
a los corazones de hielo.

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