domingo, 11 de enero de 2015

EL PODER DE LA RISA







Reírnos de los fanatismos
irracionales de la religión
y llevar nuestras carcajadas
al interior de las mezquitas,
las sinagogas y las iglesias.
Reírnos de los que propagan
el miedo al fanatismo
como una forma racista
de negar las diferencias
de civilización
para convertir lo ilustrado
en una fe dogmática.
Reírnos de los que adoran
a la muerte asumiendo
que la opinión libre
es un acto cívico
de carácter irrenunciable.
 Reírnos porque
la libertad de prensa
se ha convertido en quimera
porque son los poderes económicos
los que imponen líneas editoriales
y de los poderes políticos
que cada día respetan menos
nuestro derecho a pensar
por cuenta propia.
Reírnos hasta de la razón
para no convertir sus valores
en una fe religiosa
porque convencida
de su poder universal
podía negar con facilidad
la condición humana
de las personas que no vivan
bajo el diseño de su mundo.
Reírnos de nosotros mismos
porque ese es el mejor
síntoma de inteligencia
y las cosas buenas
hay que procurar aplicarlas
también en primera persona.
Reírnos porque ese
es el poder revolucionario
que la risa entraña en si misma
y por eso tiene tantos enemigos.





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