domingo, 1 de noviembre de 2026

REFLEXIÓN: LA FALTA DE CORTESÍA


Antes, a pesar de que también existían la agresividad y la falta de consideración hacia los demás, lográbamos mantener una distancia media soportable gracias a la cortesía. Me temo que hemos dinamitado ese equilibrio. Las pantallas han eliminado la distancia media entre nosotros, pero no para acercarnos en busca de calor, sino para devolvernos a un estadio salvaje. Desprovistos de la urbanidad, la diplomacia y el respeto que tanto nos costó cultivar para salir de las cavernas, el entorno digital ha desatado una preocupante crueldad voluntaria. Ya no nos dañamos por accidente al intentar convivir, ahora afilamos los cuchillos a propósito amparados en el anonimato o en la impunidad de un teclado. Si la cortesía era el freno de mano contra nuestra propia naturaleza repulsiva, al perderla nos queda solo una barbarie hiperconectada donde el linchamiento es el nuevo entretenimiento. Y como la línea que separa lo digital de lo real y palpable era muy fina, se ha roto por completo. Demasiada gente ha aceptado la premisa de que la mejor defensa es un buen ataque y lo ejecutan de forma implacable como si cualquiera que se les cruce por la calle fuese un enemigo. Y cuestiones tan básicas para una convivencia sana, como son reconocer el error o pedir disculpas son vistas como signos de debilidad. Ahí están quienes pretenden representarnos para demostrarlo. ¿Son así de irrespetuosos, chabacanos y amigos de la chulería, el insulto fácil y la violencia verbal porque se convierten en un espejo donde mirar lo que somos, o son el otro lado del espejo que nos alienta y empuja para que seamos como ellos? 

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