A punto de cumplir
los setenta años
mi penúltima vida
nace como una rama
transparente
que ha comenzado a arder.
¿Cómo afrontarla
sin inercias
ni botellas de oxígeno?
¿Cumpliré libros, vientos,
amistades, propósitos…?
El revés del final
con su arruinada luz
ya me acaricia.
Al cruzar con la nada
temo no ser dueño de mí,
dejar deudas
de Libertad abiertas,
la herencia de esta
Tierra en agonía,
temo alcanzar la muerte
sin haber aprendido
a soñar ni a deshojarme.
Temo faltar a quienes amo,
doler a quienes me aman
no haber buscado
juntos suficiente
el cielo de la insurrección.

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