Los cowboys (The Cowboys, 1972) dirigida por Mark Rydell forma parte del último grupo de películas protagonizadas por John Wayne, el final de una larga e incomparable trayectoria que lo tuvo durante varias décadas en lo más alto del estrellato cinematográfico mundial. No solo eso, claro, también fue protagonista de muchos de los mejores westerns de la historia del cine. Después de Los cowboys, The Duke filmaría sólo cinco películas más. Aunque no todas tuvieron el mismo tono, incluso algunas son casi una comedia, The cowboys muestra, como luego lo haría de forma definitiva El último pistolero (The Shootist, 1976), insinuaciones de una despedida que se avecinaba. Es imposible no ver la película de esa manera, ya que el propio guión apunta en esa dirección porque todos sabían de la grave enfermedad de Wayne.
El actor interpreta al ranchero Wil Andersen, que debido a la fiebre del oro en el lugar donde vive, no puede encontrar cowboys para hacer un arreo de ganado. Las circunstancias lo empujan a tomar una decisión extrema: contratar chicos para que hagan el trabajo junto a él. El trabajo es difícil y peligroso, pero los chicos, algunos adolescentes ya, tienen diferentes experiencias con caballos y ganado, por lo cual aun con sus limitaciones, aceptan la titánica tarea. Lo más peligroso no es el arreo en sí mismo, sino los demás peligros que pueden acechar durante el camino. Los acompañará un cocinero experto que de alguna manera es la otra mirada adulto dentro del viaje.
La historia tiene dos significados: por un lado está la redención de un hombre que perdió a dos hijos siendo jóvenes y que con ese grupo de niños puede demostrarse a si mismo sus valores como padre. Y por otro muestra el proceso de maduración de los chicos, que empiezan siendo niños y acaban convertidos en hombres con valores muy importantes.
La parte final de la película es muy hermosa: viene a ser una metáfora de la despedida de John Wayne del cine e incluso de su propia vida, dando paso a una nueva generación. Y a la vez está influenciada por un poema de Mary Elizabeth Frye que a este le gustaba mucho y la sportó como idea al guión. Siempre es complicado traducir poesía de otro idioma porque algo de su espíritu se pierde, pero vale la pena recordarla, también por ese hecho curioso de haber influenciado a una película del oeste.
No te pares



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