La armadura de un libro
no te protege de la espada.
La caricia hecha blindaje
tampoco te protege
de la enfermedad.
Entonces,
¿escribir para quién,
si no es para
amparar a alguien?
Cae la lluvia ácida,
desmenuza los pensamientos
y funde la coraza.
La mala noticia
llega cada día
a nuestro encuentro,
siempre con los mismos
contornos.
Escribo para hilvanar
un abrigo
Y no funciona.
Escojo poner
el dedo en la llaga
y apretar fuerte,
apretar hacia dentro,
si no me dejan ser
ni tirita, ni gasa,
ni esparadrapo.
Escribiré para salvarme.
Menuda estupidez.
Esto tampoco.
Escribiré para no salvarme.
Creo ir mucho mejor
por esa vía.
Escribiré para dejar dicho
que voy a intentar
no salvarme.
Si, así es.
Escribiré para dejar dicho
que intenté fracasar
aunque es muy posible
que nadie me crea
y durante unas
milésimas de segundo
haya ocurrido de verdad.

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