Me cruzo con mi vecina
de 87 años
que aún sale temprano
cada mañana
a dar su paseo diario.
El amanecer comienza
a dibujar sombras
sobre ella.
Sube lentamente
la cuesta de su calle
y al encontrarnos
me regala una sonrisa
y un abrazo
lleno de cariño,
sabe que yo también
la quiero mucho.
Hablamos un poquito
y quedamos para
la próxima,
pero mientras esto sucede,
una guagua se ha detenido
en la parada cercana
para recoger a dos pasajeros.
Luego arranca
y vemos alejarse el vehículo
en silencio
hasta que mi amiga
se lanza a hablar
sobre guaguas
de tiempos atrás
y como iban repartiendo
a la gente por calles
con casas sin pintar
siluetas de hambre,
agravios y fatigas
que son las que pagaban
las banderas.
Las que otros enarbolaban.
No quise puntualizarle
que hoy está volviendo
a ocurrir algo muy parecido
con el tema de las banderas
y la ideología que tanto adora
sacarlas a las calles.
Igual Juanita aún
no ha caído en la cuenta
y no se merece
que le haga esa putada.

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