sábado, 24 de octubre de 2026

POESÍA: PARA LA VIDA


Que el pensar 
no deje de consolarte,
que no te obnubile el fervor
cuando la pasión te ciegue.

Ve, acércate y hurga 
con tus dedos
hasta mancharte 
en la herida del mundo
o en la espalda 
mojada de la vida,
allí donde la sangre 
se confunde con el barro.
Así, más adentro, más adentro.

Ve luego y escarba 
con tus manos
en los estercoleros de la infamia, 
en la trastienda de la miseria 
y en la sala de máquinas 
de la explotación,
en la factoría 
de todas las conspiraciones
y en la despensa 
abarrotada del hambre.

Ve después y observa 
hasta no poder más,
hasta perforar si es preciso 
la catarata que te ciega 
y te impide apreciar 
la raíz del aire,
el corazón de la barbarie, 
la idea de la luz
y el secreto que guardan 
todos los caminos.

Sabrás entonces 
que en ocasiones el frío 
sucede al frío,
la palabra sola no basta 
y a veces está de más.
Intuirás de ese modo 
que callar es un crimen
y que el silencio tiene 
un precio que más pronto
o más tarde tendrás 
que estar dispuesto a pagar.

Que la fragilidad 
sea tu fortaleza,
que no te pierda la seguridad
cuando la incertidumbre 
te ponga en camino.
Cuando la palabra 
se queda sin palabras
la disidencia da sentido 
al relato de los hechos
y la norma se escribe del revés,
contra el viento, 
al margen del libro.

Decir al enmudecer. 
Construir al romper.
Avanzar al detenernos
y regresar sobre 
nuestros pasos.
Ahí, en ese espacio 
sin límite, impreciso,
vago y fuera de todo lugar, 
hablar al callar, 
hacer al deshacer, 
escribir al tachar.

Y en ese tiempo 
sin tiempo, sin hora,
sin memoria de pasado 
ni posibilidad de futuro,
sentir el vértigo de una voz 
en caída libre.

«Dicho y hecho» es un decir
en el que el verbo da testimonio
de su acción al pronunciarse.
Cuando la palabra pone 
en juego su sentido,
al borde de los acantilados, 
fuera de la ley,
aguarda el frío, está la muerte, 
el amanecer acompaña 
el trance de una blanca 
y callada despedida.

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