El poder debería ser una cosa muy seria. Los de arriba serían aquellos que transmiten solvencia, rigor y principios importantes mientras nosotros nos dedicamos básicamente a salir adelante en nuestra vida. Sería tranquilizador. Nos iríamos a dormir cada noche sabiendo que a la mañana siguiente el mundo seguiría ahí, en pie y en orden, gracias a toda esa gente ejemplar que vigila para que así fuera.
La realidad es todo lo contrario y nos vemos obligados a ejercer de cuerdos porque ellos se han vuelto locos. En todas partes. Nadie se libra. Tenemos al presidente de EE UU comprando el voto abiertamente, prometiendo 5.000 dólares a cada adulto si ganan los republicanos. ¿Pero eso no era ilegal? ¿Habrá que ofrecer 6.000 si queremos su derrota en esta subasta, en este quién da más? Tenemos un presidente colombiano paseando orgulloso entre cadáveres. ¿No es monstruoso? Mucho más cerca, en Madrid, tenemos a un Tribunal Supremo negando el derecho al voto a ciudadanos españoles, hijos y nietos de exiliados que se han nacionalizado gracias a la Ley de Memoria. ¿Pero eso no era inconstitucional? Tenemos un Ministerio del Interior que hace listas de periodistas según su ideología y posición ante el Gobierno. ¿Pero eso no apesta?
Y hay más. Por donde mires. Tenemos un Gobierno que se devora la yugular en un caso de autofagia incomprensible tras el mayor ataque a la integridad territorial de España en tiempos modernos. Tenemos dos ministerios clave enfrentados en el campo mientras el árbitro se va de vacaciones. Tenemos un CNI que informó o no informó de la que se avecinaba, según quién y cómo lea los documentos. Tenemos un PP que pide solidaridad con Ceuta sin habilitar ni una plaza para menores en sus comunidades, como le obliga la ley. Y tenemos ya una dimisión en esta crisis colosal, la del jefe de gabinete del delegado del Gobierno en Ceuta. Como tenemos un país vecino, Marruecos, que arroja al mar a una generación de jóvenes sin procurarles un futuro. ¿Acaso no avergüenza al rey tener a miles de sus niños durmiendo en el asfalto de Ceuta? Como hemos tenido un genocidio en Gaza ante nuestras narices y ahora una guerra absurda por el estrecho de Ormuz que nos vuelve más pobres. Y la lista sigue, se hace interminable.
Cada día, la Historia se acelera y ser ciudadano se ha convertido en un susto permanente mientras descubrimos que los gobernantes se desquician. Que ya no podemos fiarnos. En esta democracia, lo siento, se acabó la responsabilidad ante los electores porque, como nos avisó Monterroso, cada mañana, al despertar, el dinosaurio sigue ahí.

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