Comienza el nuevo
curso escolar,
hoy la mañana gris
se ha presentado
y auspicia una borrasca
con la duda que horada
el pensamiento
de una tierra que siente
la despedida del verano,
por los años vividos,
por tanta incertidumbre
en el asfalto mancillado
de ruidos y de prisas:
sirenas, ambulancias,
un tráfico agresivo
y prepotente,
parques infantiles solitarios
–huidas ya la risa y la alegría
de la inocencia plena,
conducida,
hacia el método impuest
en los colegios–.
Sentado en este banco,
el silencio me grita
el abandono de la voz
que a veces me acompaña
y me saluda
y me ofrece palabras
que disipan las sombras.
Claridad son y siempre
con su luz se despejan
las tormentas,
nubes grises
de dudas y temores
que, al final del verano,
en la mañana
parecen amenazas
que desbordan los ojos.
Y esta tierra,
en el banco, solitaria
mira entre los visillos
de las nubes
esperando la luz,
la claridad
de una mañana
alegre y luminosa.

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