Por fin se acaba el verano
para los que amamos
la luz tenue del otoño,
hemos llegado al tiempo
de los dones,
a la estación más nuestra.
Los que una vez vivimos
al borde del solsticio
caminaremos ahora,
en las proximidades
de un cielo
cargado de nubes
en torno a la memoria
de la felicidad,
pues algo reconforta
en esta luz.
Detrás del agua,
amanecerá un sol
más tenue y relajado
en la lenta oscuridad
de su reflejo.
Algo reconforta, sí,
en la espera
de las primeras lluvias.
La quietud del otoño
nos pertenece
y agradeceremos
la sensación de frescor
que nos acaricie la piel.

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