Temprano vuelve
el día con los dones
de otros cielos lejanos
y con naranja y amarillo
hervor proclama su armonía.
Leves sueños del alba:
¿quién respira?
Qué premura de luz
entre las cosas.
La he visto tantas veces
arder en los serbales
de la infancia,
consumarse
en los surcos del amor,
consumirse en los ojos
que la miran.
Promisoria como el aire
o los sueños,
la claridad acoge
las fábulas del tiempo
y la memoria.
Conciencia desvelada:
¿a quién asirse
sino a quien vela
por nosotros?
Ahora llega impaciente,
está llamando
a las puertas del día:
esa luz presurosa
que nos colma,
nos consume…
y dispersa las cenizas.

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