La soledad
es una habitación
llena de mi presente,
con la ausencia
desparramada
por el suelo
como las hojas
de una tarde otoñal
sin nadie cerca,
perdiéndome en mi mismo.
La soledad soy yo,
dueño de mi nada.
El sueño del amor
ya no me pertenece,
ni tampoco aparece
entre la retama
cuando abandono
el camino.
Avanzo atornillándome
el silencio a la garganta.
La soledad responde
por mi nombre,
se lleva muy bien
con mi sombra
y, ciertamente,
hemos aprendido
a vivir juntos,
no es una mala compañera.

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