Es el que cae
en el primer asalto
entre el agua y la arena
en Normandía.
Es el que elige un hombre
y le dispara.
Es quien su caballo ha pisado
en el saqueo
el rostro inexpresivo
de un anciano.
Es quien mantiene
en alto la bandera
frente a la carga
de los invasores.
Es el perro y la mano
que lo lleva.
Es Egisto y Orestes
y las Furias.
Es el libertador
que al llegar al poder
se convierte en un déspota.
Es el que se echa al suelo
y súplica por su vida:
La historia está llena
de verdugos y víctimas
y a veces es muy fina
la línea que separa
acabar convertido
en lo uno o lo otro.

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