Amanecer, playa de Valencia ( Sorolla, 1907) es un cuadro de playa diferente a los que solía realizar su autor porque en él no está presente el sol. Está pintado justo antes del amanecer. Si bien la obra se centra en el mar y no aparece la línea del horizonte, en el rompiente de las olas se adivina que ya clarea. La calidad de luz de esta obra y la delicadeza del ambiente que la rodea dan a la composición una sensación de paz, serenidad y también de cierta melancolía poco común en sus obras de mar. Por otro lado, contiene muchos interrogantes sobre las figuras humanas protagonistas. ¿Qué hacen ahí en esa temprana hora? ¡Por qué parecen ensimismados, cada uno en sus pensamientos? ¿Cual será la razón por la que comparten esa barca, pero a la vez parecen estar distanciados? Son preguntas que pueden convertirse en la causa del nacimiento de un poema:
Ya están peinando las olas
los cabellos de la orilla;
la playa está bostezando
y la barca ya respira.
La luz se acerca a dos novios
ansiosos del gran diamante;
el rubí se asoma leve
y no quiere despertarse.
Hay reflejos que saludan
al barbero de los mares,
y en su nácar la muchacha
se sienta para abrazarles.
El chico esconde su rostro
conversando con la arena;
dentro de nada el barbero
le dará una cara nueva.
¡Qué finura la navaja
de tan bello despertar!
No hay soles que se comparen
al que nace en este mar.
Mecida en aguas de nana
la barca despertará,
y los amantes, discretos,
se darán besos de sal;
esa sal que los endulza
en su media oscuridad;
ese dulce que amanece
y no quieren evitar.
La alborada más sagrada
en las manos de un pintor,
y se emociona la playa;
y además, igual nace el amor.

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