Todo se acaba en ti,
isla madre de mi alma,
pero tú no te acabas
en el universo
de tu geografía:
te adensas muy adentro,
te haces silencio y soledad,
colmena
de abejas quietas.
Hueles aún
a raíces antiguas,
a tierra de volcán,
a salitre de orilla
entre sábanas blancas
y sigilos del alisio.
Todo se acaba en ti,
tus senderos,
tus bosques y barrancos,
tu cansancio
de erosión constante
y endemismos.
Cómo empezar
de nuevo con la luz.
Con las horas,
con la carne tan triste
que te han dejado
los que solo piensan
en el dinero fácil
y te faltan al respeto.
Prometo cuidarte
con esmero.
acostarte con cuidado,
como si cada noche
fuese la última del mundo,
y para que tu cabeza
deje un hoyo muy quieto
en la almohada
de nuestra conciencia
de pueblo que te ama.

No hay comentarios:
Publicar un comentario