viernes, 3 de julio de 2026

OPINIÓN: MONUMENTO A FRANCO


En Santa Cruz de Tenerife hay todavía en pie un enorme monumento a Franco. Un vergonzoso homenaje a un dictador que ahí sigue después de años de democracia. Y vuelven otra vez el alcalde, su partido Coalición Canaria y sus socios del PP a mostrarse disconformes con la decisión de desmontarlo. Los argumentos que se están utilizando para defender la estatua vienen a resumirse en que para algunos tiene cierta calidad artística y que ya que está ahí mejor mantenerlo resignificandolo que quitarlo para poner otra cosa. A favor de este argumento he oído al alcalde declarar que igual que el campo de exterminio de Auschwitz se mantiene en pie como símbolo se podría mantener la estatua, para que la gente tuviera memoria de lo que pasó. También los hay que dicen que si nos ponemos a tirar monumentos que representan algo negativo habría que hacerlo con infinidad de construcciones egipcias, árabes, romanas y de otras muchas culturas y tiempos históricos por el daño que hicieron.

Pero no se puede ni se debe resignificar una obra que es claramente una exaltación del caudillo y de su victoria en el golpe de Estado antidemocrático que tantas muertes y sufrimiento provocó. ¿Como lo resignificas para que se entienda otra cosa?

Luego está lo de compararlo con el campo de exterminio nazi que sigue en pie como símbolo del horror, y el argumento se desmonta solo porque no es lo mismo un monumento de exaltación que otro de condena o recuerdo del horror. Por ejemplo, si me hablan de la Sima de Jinámar en Gran Canaria, donde se arrojaron vivas a numerosas personas para que allí murieran, yo diría que habría que hacer excursiones semanales desde los institutos y colegios de Canarias para que todo el mundo sepa lo que pasó. Y es que la diferencia es abismal: no es lo mismo recordar la victoria de un dictador sanguinario que recordar las barbaridades y crueldades que cometió.

Y a los que dicen que si nos ponemos a tirar monumentos igual no acabamos nunca, creo que hay una diferencia importante entre monumentos de los que nos separan cientos o miles de años y un abismo en evolución y cultura, y los que representan y ensalzan una historia reciente con mucha gente viva y sus descendientes que han sufrido sus consecuencias. Esto último es casualmente justo lo que pasa con el franquismo. Y aquí el problema es lo de siempre, que la gente no llama a las cosas por su verdadero nombre, algunos por cobardía y otros por desvergüenza.

Cobardía, porque de lo que se trata en el fondo es de no molestar a los herederos del franquismo que andan todavía muy vivos y con mucho poder en España, no vaya a ser que se enfaden. Ahí está el apoyo social, político y mediático que tienen Vox o el PP, cuando uno es un partido abiertamente franquista y el otro fue fundado por un ministro de Franco, en un país donde no hubo por cierto una transición real a la democracia, solo la transición que los franquistas quisieron que hubiera, manteniendo la mayoría de resortes y espacios de poder que tuvieron durante la dictadura, ahora camuflados. 

Y esto es lo que hay. Así las cosas, si los de Coalición Canaria tuvieran un poco de dignidad, de decencia y de amor por Canarias, no tardarían en ordenar tirar todos los vestigios en honor a Franco, pues no podemos olvidar que en las islas no hubo guerra, aquí nadie se enfrentó a Franco, salvo una pequeña resistencia en La Palma, y sin embargo el franquismo causó estragos y mató a todo el que le dio la gana en Canarias. 

La postura de Coalición Canaria de no significarse es la reacción cobarde y cómoda de un partido que no quiere molestar a PP y Vox como herederos del franquismo que son con los que pacta habitualmente, es así de sencillo, y así de repugnante.

Y esta cobardía interesada que se ve en su señorías de Coalición Canaria está también latente en la ciudadanía aparentemente tolerante y buenista que prefiere no tirar la estatua para evitar conflictos. Lo que late en el fondo es que a toda esa gente les importa un pimiento las víctimas de la dictadura mientras se les llena la boca hablando de sus derechos democráticos.

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