El crack (1981) es una de las obras más logradas de la cinematografía de José Luis Garci, en la que consiguió hispanizar todas las referencias del género negro estadounidense. Y un verdadero tesoro para el cine español, que por desgracia adolece de películas como esta. La he vuelto a ver pasados un montón de años y parece haberse enriquecido con el tiempo. Muestra un mundo ya perdido para siempre, el de los billares y los tugurios, supo recrear un Madrid con un ambiente áspero pero también nostálgico. Su detective, Germán Areta (genialmente caracterizado por Alfredo Landa) está labrado en la misma pasta que los héroes de Chandler o Hammett y es un genuino tipo duro, pero honrado hasta la médula y sensible cuando hay que serlo aunque cueste verle una sonrisa. Un antiguo policía, del que se deduce que ha dejado el cuerpo por no transigir con prácticas donde la corrupción impera, como los mejores detectives de la historia del género. Es un filme brillante y memorable, un camino que toca todos los tópicos del genero y con el que es imposible no identificarse si se ama el cine negro.
Y además, tanto tiempo después de su estreno, es una joya que muestra un fantástico plantel de actores y actrices, la mayoría ya desaparecidos, dando vida a personajes inolvidables con quienes es imposible no identificarse, acentuado más aún por su banda sonora. Y, por último, el giro del guión en su parte final cambia por completo la espectativa del espectador y endurece la historia hasta límites insospechados. Lo dicho: una joya.
Los personajes volvieron a aparecer en una secuela, El crack dos (1983). Y hubo años más tarde una tercera película, El crack cero (2019), que haría de precuela para explicar la historia personal de Areta que le llevó a convertirse en detective privado y sus comienzos en el trabajo. En esta última ya cambia el plantel de actores y el papel protagonista recae en Carlos Santos, con otra magistral interpretación. Está rodada en blanco y negro. Ambas son también muy recomendables.



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