Esta soledad que profana
el sinsentido cotidiano
donde habito, es decir,
donde mi yo es más mío,
más auténtico, más nítido,
más íntimo, más sombrío…
Esta soledad donde gritan
los violines heridos de ruido
y se mueren de silencio
las lágrimas azules
de los pétalos marchitos.
Esta soledad donde nacen
balas con el verbo
y me disparan piel adentro
entre las venas y me matan
y me subyugan y me sublevan
y me suicidan y me reaniman
y me consuelan y me dejan
en pelota picada,
sin armaduras, sin conciencia,
sin estigmas, sin violencia…
y me muere y me vive
y me respira y yo la muero,
la vivo y la respiro…
Esta soledad es lo que soy.
Lo demás
son disfraces pasajeros,
trajes de piel, trazos de carne
que se visten con mi carne,
que gimen con mi sexo,
que lloran con mis ojos,
hablan con mi voz,
andan con mis pies...
un reflejo inexacto de mí,
tambaleándose
en medio del camino.
Esta soledad es lo que soy,
que nadie venga si no es
para morir de mí, en mí…
para morir de soledad conmigo.

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