A una hora indeterminada
el peso vuelve:
la réplica sísmica, tectónica
inevitable de la razón
postergada.
Somos
exactamente eso:
Algoritmos,
redes neuronales
que limitan la temperatura,
el impacto del roce
del viento entre los olivos.
Mientras, sigue
corriendo el tiempo.
Las luces encendidas
no esperan aún a nadie
para apagarse.
Y se escribe el silencio,
se atiborra de frases
para descubrir
que solo se puede
anegar el reflejo,
su brillo en los charcos.
La noche persiste,
despega sistemáticamente
las intuiciones
y las echa a volar bajo…
Se vuelven sombras,
maneras inusuales
de matar el tiempo.
Es importante que la línea
que sigamos
sea la más pequeña,
una acumulación
con x indefinidas
para dar forma a la incógnita.
No importa el contenido.
Conocemos la respuesta
pero aún llueve, aún somos
incapaces de pronunciar
indecisos,
deseando
construir el invierno.

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