No sabe del dolor
la piedra que golpea.
No la estremece el grito
ni acaricia la mano
que la lanza
contra alguien.
Obedece a su peso,
al empuje del aire
y a un ansia insana
de hacer daño.
A veces también
hay piedras que se arrojan
en forma de palabras,
por eso yo de mineral
solo quiero mi garganta
no para gritar odios,
sino poner en susurros
lo bueno que mi corazón
sea capaz de dar.

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