Han sido unos meses
en que he podido
abrir mis brazos
a la felicidad,
doy gracias por ello
aunque los humanos
se quejen por tanta lluvia.
Al fin me he podido
sentir útil
y no he estado relegado
a la profundidad
de un paragüero.
Soy pequeño,
sin que eso
me reste hermosura,
al menos eso creo.
Mi piel irradia
luminosidad
cuando está empapada.
Sin embargo soy débil,
incluso una leve brisa
puede dejarme
destartalado.
Pero me da igual,
si eso ocurriese,
mi existencia
seguiría teniendo sentido
porque tengo
un alto sentido del deber.
Si tuvieran
que desecharme
habría muerto satisfecho,
cuidando a mi compañero
de los efectos a veces
no tan sutiles del agua.
Y es que resulta
muy satisfactoria
la sensación
de haber cumplido
bien con mi destino.

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