Aquí estoy,
con mis imperfecciones,
una conciencia parcial,
una empatía
que no se logra siempre;
aquí estoy,
autodenominado
testigo, poeta,
tratando de representar
justamente a los otros
sin permiso de nadie.
Pero que conste
en este verso
que eso no interesa:
la primera persona
sale sobrando, sobro yo;
que conste aquí
que la carne siempre
ha sido carne,
las mujeres, los hombres,
la infancia, la vejez,
los animales;
los sentimientos
que provocan existen,
y las contradicciones
y los espejos y las preguntas
que suscitan también,
con todo y sus distancias
kilométricas, espaciales,
emocionales.
Para qué negarlas, ahí están,
vamos a verlas;
las confrontaciones
y los cuestionamientos
y las clases, las lenguas
y dialectos, la discriminación,
la catarsis, el perdón
entre ellos se entretejen;
son la red que sin quererlo
nos enlaza
a quienes vivimos
en este país,
de punta a punta,
atravesados por los seres
que no vemos,
que elegimos no ver,
deliberadamente
ignorados día a día;
somos los otros,
los fantasmas de los otros,
sólo figuras,
extranjeros de si mismos
preguntándonos
por qué y para qué.

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