Las extensas llanuras de Fuerteventura esconden multitud de secretos. Historias que se han transmitido de padres a hijos y que incluso algunos visitantes hacen suyas. Ya sea por lo fantástico de su argumento, o porque esconden una realidad que aún la ciencia no ha sido capaz de explicar; las leyendas convierten en protagonista a esta tierra árida. Lugar en el que un extraño fenómeno se sucede, cada vez con menos frecuencia, pero que se mantiene vivo gracias a la memoria de los majoreros: La luz de Mafasca.
Como cualquier leyenda esta historia tiene algo de realidad, pero también una buena dosis de hechos sobrenaturales, que le confiere un carácter misterioso. Su origen exacto se desconoce, pero algunos le han dado un sentido religioso, relacionado con una serie de pecados y un alma en penitencia que vaga por Fuerteventura. El alma convertida en luz se aparece casi por cualquier parte de la geografía insular en busca de la salvación, y sólo pueden verla las personas que transitan por la zona y creen en su existencia.
La ingente cantidad de testimonios que aseguran haber visto La luz de Mafasca resulta sorprendente. Se cuentan por cientos, incluso se llega a dar en grupos, aunque lo más habitual es que se produzcan de forma individual. Describen que el fenómeno parece obedecer a algún tipo de inteligencia; se comporta en ocasiones como si fuese algo vivo porque reacciona a los comportamientos de los testigos. Les acompaña durante prolongados períodos de tiempo y largas distancias. Se cuentan casos en los que la luz acompañó durante horas a alguna persona a pocos metros y cambiando constantemente de posición. Muchos hablan de una luz que no siempre tiene el mismo tamaño; en ocasiones puede tener las dimensiones de una pelota de tenis, pero en otras, llegan a alcanzar las de un balón de baloncesto. Su color puede ser variable, por lo general blanca azulada, aunque a veces es rojiza; y revolotea constantemente, llegando incluso a dividirse en dos o fundirse en una sola. Son luces conocidas porque se pueden ver en muchos lugares; se acercan con curiosidad a la gente sin provocar efectos sobre las personas ni sobre las cosas.
La luz de Mafasca se ha hecho un hueco importante en la literatura y el cine de Canarias. A los libros, 'Los Majalulos' de Andrés Rodríguez Berriel y 'Canarias Misteriosa' de José Gregorio González, se unió 'La Luz de Mafasca'. Una película para la que su director, Zacarías de la Rosa, escogió rodar en un paisaje muy peculiar de Fuerteventura: Cofete. De la Rosa cuenta que se saltó la leyenda oficial y quiso contar su propia visión de la fábula. Durante el proceso descubrió que en la isla, según la zona donde te encuentres cambia tanto la historia como su origen. Lo que no se modifica, es el hecho en sí de ver una luz incandescente, de un tamaño mayor o más pequeña, que interactúa con la gente y acompaña en el camino; lo que sí cambia es el contenido y el por qué de las luces.

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