jueves, 7 de mayo de 2026

PINTURA: GIOVANNI SEGANTINI


En la segunda mitad del siglo XIX, una época de revolución social, las ideas sobre la liberación enriquecían las discusiones y cultivaban las mentes atrapadas en el núcleo de una sociedad conservadora, sin embargo, pese al avance que se expandía, no todos eran tan efusivos con las nuevas formas de pensar.

Giovanni Segantini (1858-1899) era uno de ellos, que guiado, además por las ideas del «nirvana» un estado propuesto por la religión budista, donde el alma alcanza un nivel de felicidad insuperable, producto de la ausencia de dolor y las ambiciones, compone a un ser despojándose de sí mismo, de todo aquello que le hace humano. Estas ideas pueden verse plasmadas en el rostro de las mujeres, que, aun encontrándose en situaciones deplorables, con ramas del árboles atándoles las extremidades, se permiten calmar sus impulsos y aceptar la dura pena que les ha tocado cargar.


Es relevante mencionar como estas pinturas fueron de los últimos trabajos antes de su muerte, quizás motivado como una premonición y el recuerdo siempre constante de su madre fallecida cuando él aún se encontraba en sus más tiernos años de infancia.

En sus diarios, Segantini escribió que, si bien el blanco neutro de la nieve simboliza la muerte, también puede simbolizar la vida. Así, el paisaje nevado y los árboles se corresponden con la analogía del poema de Luigi Illica, célebre dramaturgo italiano, según la cual la mujer estéril, que se rindió a sus instintos para ser madre, aparece como un árbol desnudo de invierno que brota hojas en primavera. Por lo tanto, se puede concluir que el árbol, tema recurrente e importante tanto en el poema como en las pinturas de Segantini, puede interpretarse como el Árbol de la Vida. Lo rostros de las mujeres revelan que, a pesar de la tensión en los cuerpos, sus expresiones están completamente relajadas, libres de dolor y sufrimiento.

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