jueves, 21 de mayo de 2026

PINTURA: FREDERIC WILLIAM BURTON


En el año 2012 se realizó una votación en Irlanda para elegir la mejor obra pictórica realizada en el país, según la opinión de sus ciudadanos. La ganadora por amplia mayoría fue "Encuentro en las escaleras de la torre" (1862), de Frederic William Burton. La pintó en acuarela y gouache sobre papel y el resultado terminó siendo una obra maestra que puede verse en la National Gallery de Irlanda, aunque sólo se expone el público durante dos horas a la semana por lo delicados que son los materiales con que fue elaborada y para evitar su deterioro.

El cuadro está inspirado en una antigua leyenda danesa que captura el instante más conmovedor de la historia de Hellelil e Hildebrand, los protagonistas de un amor profundo que acaba en tragedia. Hellelil era una joven de alta nobleza, y su destino estaba trazado desde su nacimiento: debía casarse con un hombre de su mismo estatus. Pero el corazón no entiende de linajes, y la doncella se enamoró de Hildebrand, un valiente caballero que formaba parte de su guardia personal. Cuando el padre de Hellelil descubrió el romance, montó en cólera y ordenó a sus siete hijos que asesinaran al joven caballero. Hildebrand, lejos de huir, se enfrentó a ellos con fiereza. Uno por uno, los hermanos de su amada cayeron bajo su espada, hasta que solo quedó el menor. En ese instante, Hellelil, aterrorizada por la masacre, le suplicó que se detuviera. Pero el destino ya había hablado: Hildebrand estaba malherido y no resistió más. Cayó en los brazos de su amada, exhalando su último aliento. La balada nos cuenta que Hellelil, destrozada por el dolor, no pudo soportar la pérdida y murió poco después. Dos vidas truncadas por el amor, dos almas que jamás encontraron paz en este mundo, pero que gracias a Burton, se convirtieron en eternas.

Lo extraordinario de la pintura es que en lugar de ilustrar la batalla sangrienta o el fatal desenlace, el pintor eligió el instante más íntimo y desgarrador: el último encuentro entre los amantes antes de su inevitable separación. Ubicados en una escalera estrecha dentro de una torre, Hellelil y Hildebrand se abrazan con desesperación, como si con ese contacto pudieran desafiar el destino. No hay gritos, no hay espadas, solo el dolor de una despedida.

Es un momento íntimo que despierta ternura dentro de esta trágica historia. Hildebrand se abraza a uno de los brazos de su amada y lo besa, mientras Hellelil se deja hacer, y apoya su mano libre en la pared, escondiendo el rostro, demasiado triste para corresponder el cariño que le expresa su amado, completamente desconsolada. En el extremo izquierdo, a los pies de la joven, hay un elemento que actúa de pista, unas rosas destrozadas en el suelo, que ejercen de simbolismo para decirle a los espectadores que el amor de estos jóvenes no acabará bien, está destinado a acabar en tragedia.

El cuadro es tan querido en Irlanda, que suele haber una copia en los lugares donde se realizan las bodas civiles. Resulta curioso que una obra que habla de un amor que acabó de forma trágica figure en un lugar destacado en los lugares donde las parejas irlandesas certifican su unión de forma oficial.


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