El médico observa detenidamente la fisonomía del paciente, vigilando el movimiento de sus ojos y su mirada. Después evalúa sus reflejos ante estímulos musculares que repite varias veces para controlar su motricidad. Por último, un test psicológico con preguntas ingeniosas para registrar su nivel intelectual, su imaginación y sus emociones. Está contento, ha sido un examen final riguroso, completo y el resultado es satisfactorio luego de un largo tratamiento. La conducta del paciente le parece ahora normal.
—Te felicito. Ya puedes marcharte tranquilo, te doy de alta —le dice el médico palmoteándole la espalda—. Y no te olvides de tomar los medicamentos que te indiqué. El paciente se despide agradecido, abandona el consultorio y camina hacia la farmacia más cercana. Extiende la receta y espera atento la respuesta del empleado.
—¿Me podría escribir su nombre y apellido de nuevo, por favor? No están claros en la receta. Y le entrega una hoja en blanco y un lápiz.
—Sí, sí, por supuesto —le dice amablemente el paciente, y escribe en letras mayúsculas y con una caligrafía impecable:
Nombre: LAVADO
Apellido: DE CEREBRO
El androide sonríe satisfecho y se la devuelve.

No hay comentarios:
Publicar un comentario