jueves, 30 de abril de 2026

POESÍA: TRILOGÍA GATOS (DOS)


No obedecen porque 

no reconocen jerarquías,

ni pretenden imponerlas 

sobre los demás.

Ninguna voz los somete,

ningun mandato 

les sirve de brújula.

Obedecer, para ellos, 

sería una rendición sin motivo,

una renuncia al alma 

que los nombra.

Rechazan con firmeza 

la caricia no pedida,

la orden disfrazada de halago.

No temen el aislamiento, 

no lloran si no los buscan:

conviven con la soledad 

como quien comparte el lecho

con una hermana que nunca hiere.

Para ellos, el aislamiento 

no es castigo,

sino refugio donde 

la identidad respira intacta.

He descubierto en su distancia 

una forma distinta de cercanía,

un vínculo que no necesita

proximidad constante

para ser profundo.

La soledad no es vacío, 

sino presencia sin testigo.

Y testigos de sí mismos, 

sin público ni aplauso,

nos enseñan que hay libertad

en no necesitar la mirada

del otro para ser real.

La lealtad de los gatos 

no es servidumbre,

es elección silenciosa 

que cambia de forma,

pero no de fondo.

No vienen cuando los llaman

y sin embargo llegan 

cuando más los necesitamos.

No porque se les ordene, 

sino porque ellos deciden.

Y en ese acto 

—ínfimo, grave, perfecto—

la obediencia 

se vuelve irrelevante,

y la soledad, 

una dignidad intacta.

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