Estás en el portal
de tu vida,
apenas has nacido
caminas hacia el mar
y cuando llegas
tienes el pelo blanco
y la mirada torpe.
Desde la costa
se ven las tejas
rojas de la casa.
Si quieres regresar,
ya no es posible;
a medida que avanzas
se borran los caminos
y solo te quedan
unos cuantos recuerdos,
a veces ni eso.
Tu camisa de niño
aún está húmeda
y la veleta de abril
en el cordel
indica para siempre
la dirección del viento.
Qué gastadas las uñas,
qué frágil la memoria,
qué viejos tu zapatos
parados en la arena
porque saben
que han llegado a la meta.

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