No soy un robot,
estoy habitado por preguntas,
que presionan mis alveolos
y mis meninges,
mis válvulas averiadas
y mis células madre.
El laberinto de mis neuronas
esponjas y ventiscas
y alarmas encendidas
hacia el abismo del ser,
buscando las salidas
de emergencia
los oasis del cielo asaltado
y sus residuos tóxicos
y paisajes desoladas
de piedra pómez.
Las dudas que, a veces,
se hacen un nudo
en la garganta
o se quedan clavadas
como estalactitas invisibles
en el cielo de la boca,
en las cuerdas vocales
donde quieren decirse
y apenas balbucean
palabras para un sueño,
signos de más,
y pequeñas sinrazones
donde sobrevivir al asombro
más allá de Babel.

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