Ser de Tenerife implica que para tocar hielo o nieve tienes que abrir el congelador de la nevera, ponerle unos cubitos a la bebida correspondiente o añadirte a la cola de miles de personas que suben con sus vehículos a las Cañadas del Teide cuando cae la nevada de cada año. Lo de practicar deportes de invierno queda muy lejos, a no ser que se considere como tal el ir a correr a la playa alguna mañana que aquí consideramos heladora, en que el termómetro haya alcanzado los 16 grados antes de que el sol salga.
Teniendo en cuenta esas premisas, es natural que los deportes que se practican en los Juegos Olímpicos de Invierno, el que esto suscribe los vea como algo extraño que proviene casi desde otra galaxia, un mundo ajeno al devenir de nuestros días isleños donde con 12 grados de temperatura, la gente sale a la calle vestida como si estuviera en el Polo Norte.
Aún así me reconozco seguidor del Patinaje Artístico, que procuro ver siempre que puedo y que en esta olimpiada estoy disfrutando mucho, pues el nivel está siendo muy alto. El resto de modalidades deportivas las conozco casi de pasada y si alguna vez me paro a verlas es más por curiosidad que por otra cosa, pues desconozco hasta las reglas por las que se rigen. Y agradezco el esfuerzo de los comentaristas televisivos por explicar esas normas, que ayudan a entender mínimamente lo que está pasando.
Ya llevamos unos cuantos días de competición y me han sorprendido algunas polémicas que están salpicando el normal desarrollo de los juegos, pues parece que el afán de protagonismo de algunos y la estúpida rigidez de ciertas normativas es un mal de nuestro tiempo que termina por pudrirlo todo. Ahí están desde el esquiador que tras ganar una prueba pide perdón llorando frente a las cámaras de televisión a su pareja por haberle sido infiel, hasta el deportista ucranio de skeleton (otro deporte raro en el que se lanzan boca abajo en un minúsculo trineo por una estrecha pista) al que han descalificado por llevar un casco con imágenes de 24 deportistas ucranios muertos en la guerra tras la invasión de Rusia. Y pasando por el escándalo de las imágenes en dibujos animados de la cabecera de las retransmisiones de la RAI, que empiezan con la imagen del Hombre de Vitruvio, el famoso dibujo de Leonardo da Vinci realizado sobre 1490, y que para esta ocasión le han le han eliminado sus atributos varoniles. ¿Por qué? Pues no se sabe, aún se está investigando. Como se investiga también para averiguar si los saltadores de esquí se han agrandado el pene con ácido hialurónico para alterar el tamaño permitido del mono que utilizan. De esta manera pueden volar más: el área del traje influye en la sustentación y milímetros de tela que pueden traducirse en metros de salto. En fin, que nunca se sabe para qué queremos según qué cosas.
Pero para escándalo, y esta vez lo digo muy en serio por lo desagradable y negativo del asunto está la figura de la biatleta francesa (deporte que combina la marcha nórdica con el tiro de precisión) Julia Simón, a la que se la ve en una imagen mandando callar a los espectadores, tras alcanzar el primer puesto en la meta en la prueba individual femenina de 15 kilómetros y ganar la medalla de oro. “Anoche leí un artículo muy malo sobre mí y quería exigir el respeto que merezco”, justificó tras la conclusión la flamante campeona olímpica. “Quien quiera chisme, que se vaya a buscarlo a otro lado”. ¿Y de qué iba lo que ella calificaba como chisme, se preguntará usted? Pues que el 24 de octubre de 2025, un Tribunal de Albertville la declaró culpable de hurto y fraude, delito que, según diversas fuentes, habría cometido en fechas coincidentes con concentraciones de la selección francesa en Suecia, Noruega y Francia entre diciembre de 2021 y septiembre de 2022. El delito de la angelita fue hacerse con las contraseñas bancarias de una compañera de selección y de un técnico del combinado galo. Durante meses, la biatleta sacó partido de la situación para efectuar compras con las tarjetas de crédito de ambos. La condena le supuso tres meses de prisión condicional (esto es, solo iría a la cárcel en caso de reincidir) y una multa de 15.000 euros. La criatura está muy molesta con las contínuas preguntas que se le hacen sobre el caso, porque al tratarse de una olimpiada, entiende que deberían centrarse en el tema deportivo.
En fin, que como ven, los juegos de invierno están muy calentitos.

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