Me enseñaron
un dios todopoderoso,
pero nunca
me identifiqué con él,
tuve claro que se puede
ser espiritual
y muy terrenal a la vez.
Me ofrecieron
la esperanza matemática,
la incógnita resuelta
pero siempre fui
ciencia errónea
y un cero de izquierdas.
La única eternidad
llega de mano de la parca,
una rotunda certeza
que no precisa de fe,
ni existe misterio alguno
a su alrededor:
Es tan simple
como que existes hasta
que la hora te llega
y dejas de existir.
Estamos abocados al reto
de la incertidumbre
y de la muerte,
siempre ha resultado
tentador encontrarle
un sentido a esa evidencia,
pero no lo tiene:
es tan absurdo como eso.

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