domingo, 8 de febrero de 2026

POESÍA: ARDIÓ TROYA


Helena se derrumba 

ante el espejo.

En su cabello rubio 

ya han brotado

las primeras 

serpientes de plata.

“Los treinta ahora 

son los nuevos veinte”,

trata de recordarse.

Pero encuentra 

sus manos huérfanas

de un cuerpo fiel 

que acariciar,

los labios apretados 

por la ausencia de besos,

tristes los ojos 

que una vez

reflejaron la luz 

de Troya en llamas.

Para qué tanta guerra, 

tanta sangre,

aquél “te adoraré hasta 

el fin de los días”,

si después 

de un caballo de madera

y de un príncipe 

herido de capricho,

solo queda la eternidad 

del calendario

y el abrazo leal 

de una crema antiarrugas.

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