martes, 24 de febrero de 2026

POESÍA: AÚN SIGO AQUÍ


Recuerdo la hora 

torcida de mi vida

en la que planteé 

las preguntas exactas,

la hora en la que empezó 

todo a estropearse

y a llenarse de orgullo 

el impostor sonriente

que camina por la calle

y yrata de llenar 

los espacios vacíos

de su alma

sin demasiado éxito. 


He olvidado el tacto 

de las mejillas de Artemisa,

he olvidado la forma 

concreta del placer 

elaborado a costa

de algunos principios,

he olvidado que tuve 

la piel tersa.

En mi diario sólo queda 

un insistente

olor a madera y a óxido,

también a leche agria 

y a hoja de tabaco,

también a sangre infantil,

también a baba.


He olvidado, asimismo,

los bordes de mis clavículas 

frente al espejo,

en aquella hora torcida

en que bajo la indolente 

luz de las bombillas

todo yo me transformé 

en espalda.


He bailado un paso

a dos con la bestia, 

lo que llamo identidad 

es una figura armada 

con los restos podridos 

del banquete,

un espantajo de carne, 

hueso y agua,

que se mueve con gracia 

de espantapájaros 

y anda para no quedarse

completamente quieto. 


En la hora torcida de mi vida

comencé a escribir este poema,

con el penúltimo aliento 

de un superviviente

al que conozco desde que nací,

sirva como postrero arañazo 

sobre la carne colgante

del destino,

como asidero para alcanzar 

la superficie

y gritar al miserable 

dios del tiempo:

hijo de perra, aquí sigo, 

pese a todo, 

aún no me has vencido. 

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