El estucado
es la epidermis
de los tabiques,
un lisérgico sobrio
y sugerente
que siempre
te ofrece compañía.
El gotelé
es un relieve imperfecto
y un plano imposible,
una guerra de pintura
congelada en el tiempo
y el acné perenne
de los hogares.
Por eso me gustan
las paredes lisas.

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