Ondular
cual llano campo
ante el elevamiento
súbito y agudo
de la montaña.
Ni voz ni acto,
mejor el tacto pausado.
Pero sí una pizca
de chispa incendiaria,
potencia espectral
frente a las murallas
mentales.
Desencarnarse
del lenguaje
con filo punzante,
la horrorosa curva
de la teatralidad
de los actos.
Fluyamos a tientas
tentación y desengaño.
Renunciemos a conectar
la naturaleza ígnea
de los desaforados.

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