Hazlo.
Dile a tu madre
que agradeces lo aprendido
pero que no te pareces a ella.
Cuéntale a tu suegro
que antes de su hijo
amaste a hombres y a hembras.
Explícale a tu cuñado
que quizás en otra vida
podría estar al otro
lado de la frontera
y le tocaría atravesar el mar
en una barcucha de mala muerte.
Dile a tu hermana
que cuando vas a las calles
vestida de lila
también lo haces en nombre de ella.
Confiesa a tu padre
que no estabas con una amiga
aquél fin de semana a los quince,
sino retozando con el hijo
del cuarto primera.
Reconoce a tu hermano
que te dolía
cuando te obligaban
a limpiar los platos
mientras él descansaba en el sofá.
Mira a los ojos a tu suegra
para que entienda
que además de hija,
de esposa y de madre,
eres una bendita perra.
Hazlo con amor y con firmeza.
Habla con suavidad.
Aprovecha cualquier comida
y quítate de encima la losa
que tienes por familia.
Dinamita esa mesa
y disfruta más a gusto
que un gato en una caja.

No hay comentarios:
Publicar un comentario