viernes, 9 de enero de 2026

POESÍA: NUESTRAS HIJAS


Nuestras hijas también

deben fugarse de la pecera

y sumergirse en el océano

oscuro de la noche.

Y fabricar malabares

con la mágica ternura del sexo,

bailar las horas

que su cortejo precise.

Mentir felicidades

y fingir decepciones,

mientras agonizan de amor

muriendo de silencio.

Deben conocer 

ángeles de fuego

con zarpas diabólicas.

Quemarse entre las olas

de caricias impertinentes.

Rendirse ante las fuerzas

que nos multiplican.


¿Cuánta tortura

genera su libertad?

Dejar de protegerlas

es el paso imprescindible

para que sepan 

ya de mayores

que las seguimos 

queriendo.

Solo podemos ser 

espectadores de sus días, 

las muñecas morirán 

de orfandad

en su habitación caduca.

Por mi parte restaré

orgullosamente olvidado,

entre la locura de su ausencia

y los cimientos de su recuerdo.

Ellas se desvanecerán

entre los dedos. 

Sonreiré o lloraré

como la Gioconda, 

extraviado entre el placer 

de haber consumado

una obra maestra

y el dolor de perderla.

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