El músico, poeta, escritor y pintor Joseph-Ferdinand Boissard de Boisdenier perteneció a la generación posterior a las Guerras Napoleónicas. Alumno de Gros, Boissard poseía el mismo talento precoz. Su «Episodio en la retirada de Moscú», expuesto en el Salón de 1835, le proporcionó un éxito precoz. Tomando como tema la terrible debacle de las tropas francesas en la retirada de Rusia en 1812, Boissard muestra un profundo sentido del realismo que recuerda a Géricault. El pintor se centra en un elemento del desastre para ilustrar el conjunto. El colorido tiene un aire trágico, con un rojo intenso, marrones melancólicos, ocres y tonos tierra, y un blanco invernal.
Todo el horror de la guerra se puede leer en estos rostros: los de dos soldados (un dragón de la guardia imperial y un húsar) abandonados por el resto del ejército, que prosigue su camino a lo lejos. Están solos; sus ropas están empapadas de nieve, y a pesar de la diferencia de rango, la solidaridad humana juega su papel en el umbral de la muerte. Apoyados el uno en el otro, cada uno experimenta su propia tragedia. Apiñados en un intento claramente vano de entrar en calor, estos soldados son la viva imagen del desastre. El primero parece dormirse poco a poco en la noche, mientras que el segundo ya está congelado, o quizás a punto de quedarse inmóvil para siempre. A su alrededor se encuentran dispersos los últimos restos de la Grande Armée: un cañón, una rueda, algunos embalajes destrozados… Es la imagen de la terrible derrota sufrida en Rusia por ejército napoleónico.

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