Estoy aquí,
ante el teclado,
para explicar retazos
de mi infancia
que aún perduran
en mi memoria,
de la manera
más simple posible:
los boliches
como extraños
planetas de cristal
brillando entre mis dedos,
los océanos
de los primeros cuentos
con piratas y barcos,
los sábados
y las películas del oeste,
el cielo de mi barrio,
el terreno habilitado
por nosotros
para jugar al fútbol,
mi perro que era
uno más de la pandilla,
el mar en los veranos
y poco más,
si acaso algunos golpes
de lluvia en los cristales,
en octubre.
Pero —como explicarlo—,
todo sería gris
en los recuerdos
si no pudiese
ver aún el cariño
en los ojos de mi madre
después de tantos años
de haberse ido.

No hay comentarios:
Publicar un comentario