viernes, 13 de junio de 2025

POESÍA: POEMA NOIR


Caminas otra vez. 

Los pies helados

en la noche, sin rumbo;

el hígado y los ojos

arrastrados, de nuevo, 

por el vértigo

al abismo

de un último delirio

y el olor penetrante 

de la sangre

alojado en tu olfato.

Tienes todos los números

para irrumpir erecto

en la espiral pastosa 

de las crónicas,

en el lacio univers

engominado

de los informativos.

Avanzas escribiendo

el mágico guión 

de la victoria

y adoptas el papel 

protagonista.

No te faltan actores 

secundarios,

rostros que se suceden

en un continuo casting

recompuesto

por miles de culpables.

Bastará una mirada, 

un gesto indiferente,

un roce por completo 

accidental.

Una señal de miedo 

o de desdén,

una simple torpeza 

momentánea,

una pequeña infamia

intrascendente

para saber quién 

es el elegido:

un anciano sembrado 

de verrugas,

un obeso cordial 

y sonriente,

una atractiva 

rubia de tintero,

un chófer de autobús, 

un funcionario,

una beata, una prostituta,

un portero, un parado, 

un camarero,

todos esconden 

algo inconfesable,

todos acreedores 

al castigo.

Juzgas, condenas, 

no hay apelación

posible ante la voz 

de tu justicia.

Ejecutas, certero, 

la sentencia

y dejas la señal 

de la victoria

en la frente 

del reo ajusticiado.

Juez, jurado y verdugo 

al mismo tiempo,

dejas abandonados 

los despojos

del mísero culpable

y un reguero de sangre 

a tus espaldas.

Hoy dormirás, al fin, 

a pierna suelta,

satisfecho 

por el deber cumplido.

Pero no lo celebres 

demasiado,

sólo es una tregua.

Hay tanto por hacer.

Hay mucha escoria 

aún sobre la tierra. 

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