sábado, 24 de mayo de 2025

POESÍA: POBRE ÁRBOL


Es un pobre árbol

al que le han robado

su tierra

y está sepultado

bajo una capa de cemento.

En su tronco persiste aún, 

a duras penas, 

el áspero recuerdo

de lo que un día fuera 

corteza delicada

donde grabar un nombre.

La polución, las cicatrices,

la sequía inclemente, 

el abandono

y aquel accidente de coche

han convertido 

en un pellejo infame

aquella piel.

En sus ramas raquíticas

no hacen nido los pájaros: 

ni siquiera se posan.

Algunas hojas sucias 

se yerguen de milagro

en la altura grisácea 

a la que llega.

Las otras 

se dejaron arrancar

con el pretexto del otoño 

—o del invierno—

y huyeron en un soplo

hasta los descampados 

de una gasolinera.

No se encumbra su savia 

hacia ningún lugar.

No alcanzan sus raíces 

tierra limpia

ni bucean en el subsuelo

a la busca 

de sueños minerales,

de humedades nutricias. 

Con esfuerzo,

ásperamente, 

se estira hacia el fondo,

cayéndose, arrastrándose

entre cascotes, hormigón,

a punto siempre de asfixiarse.

Y, sin embargo, 

con qué gracia canta

la arrogancia de vivir, 

aunque sea en la miseria,

y de haber sido hijo 

de los cielos más puros.

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