El dolor o la suerte.
La tragedia
o las lágrimas
o la tierra como vida
o un viaje hacia la muerte.
Lo inaudito,
lo imprevisible
nos estalla en los ojos
desde el televisor.
Un mar en calma,
un puerto que ahoga.
El mar interior
que no deja de rugir,
montañas que colapsan
sobre sí mismas
y el sol sobrecogido.
La vida o la muerte,
el escenario de un drama.
Los pies en la tierra
o la carne
en el fondo del mar.
El fuego
en la mirada abierta,
la sal en los ojos cerrados.
La llegada, la salvación,
la esperanza
metida en el alma.
Y en un segundo
los gritos
o la desesperación
o el dolor.
El dolor o la nada.
La nada o el ataúd.
El vértigo aterido
y la tristeza infinita
que hemos sido
que hoy somos.
Somos sangre
y polvo
y tierra.
Cenizas, lluvia y sal.
Islas que acogen
a los desesperados
y que no pueden
salvarlos a todos.
Roca incandescente,
volcán de rabia
permanente.
Tierra baldía
cuando mueren
de la manera más absurda
quienes que vienen
buscando la vida.

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