Cada vuelta al sol
se abren
nuevos abismos,
nuevas rutas
de la incertidumbre,
nuevos lazos
de crueldad
nos encadenan
a la silla eléctrica.
Sangre de madrugadas
duras en plenitud
de una alcoba triste,
el vacío jardín
ausente de la carne.
Las madrugadas
crean nuevos insomnios,
sus pausas eternas
entre el tic y el tac
de manecillas
que no cesan.
Idea el amanecer
nuevos lenguajes
del odio,
nuevas treguas
y un alto al fuego
de horas grises,
zona yerma
de batallas plenas
donde he o no de firmar
sombríos acuerdos
de una paz
que no llegará nunca.

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