Sentir nostalgia
por la infancia,
aquella época
de ingenua inocencia
quizás idealizada,
a pesar de que a veces
se volvía desvalida.
Sentir añoranza
de una juventud
ardida con la pujanza
de la ilusión, del deseo
y el descubrimiento
del amor.
Quizás atormentadora,
eso es del todo cierto,
pero vista con los años
fue como la genuina
sensación de vida más viva.
Incluso evocar
la edad adulta,
ahora que el tiempo
empieza a vencerme.
Sentir melancolía
por la vida toda:
pueblos, bosques, mar.
Pegado con raíces precarias
en los intersticios de la roca,
soy ya como un arbusto
en precario equilibrio
sobre un abismo
del que es imposible
distinguir bien el fondo...
Pero sabes que está ahí,
peligrosamente cerca.
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