Reja, haces que el sol
no dé en los ojos
haces de las cosas sombra
sin necesidad que la noche
venga y nos embargue
la mente.
Reja, a través tuya,
los pájaros parecen dados
las montañas, submarinos
los árboles, cubiertos
de una mesa universal
de gigantes impuntuales.
El atardecer y el amanecer, reja,
a través de tu filtro
de densa tela pasan
presentándose a los ojos
como dos pequeñas
chozas vecinas
donde vacas inmóviles pastan
y un arquero en mitad
de los arbustos
espera dé su presa
un salto al norte.
Reja, que borras los trazos
más finos de la acuarela
que absorbes el contrapunto,
dejas la melodía del color
a medio completar.
Reja, advierte que esbozas
sobre el lienzo
nuevos bocetos
el cuerpo humano
para ti son unas pocas
líneas curvas y un gris nube.
Reja, si te observo
demasiado mis neuronas
comenzarán a obviarte
como ocurre en la visión
ocular con la nariz.
Reja no mientas
¿hace cuánto
que no sales de mis ojos
y por qué tapas
con tanta efusividad
las cosas que muy
de niño me cuidaron?
Reja, ver la noche
y verlas juntas
es como mirar dos rocas
arrojadas a un pozo
muy eternamente
muy profundo.
Reja, haces que el sol
no dé en los ojos
o haces que los ojos
no den al sol,
eres un obstáculo
para que la vida se muestre
en todo su esplendor.

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