Crecemos en este
jardín de ruinas
dibujando figuras
con el dedo,
caligrafía de humo
entre los escombros.
Cantamos en ronda
bajo un cielo de sequía
viendo cómo crece
latido a latido
el ojo en llamas de un Dios
que nos mira con odio.
Enterramos
a nuestro hermano
en el patio
bajo la higuera
y con tizas de colores
escribimos su nombre
donde antes
picoteaban
sus ágiles pasos.
Papá lo llevaba
entre los brazos
envuelto en una
sábana blanca
que hacía de sudario
sin lágrimas ni quejas
como un pequeño
santuario de cenizas
hasta que se derrumbó
derrotado.
Todas las cosas
tienen aquí
el aire sucio
y un tanto irreal
de los muertos
y la falsa promesa
de libertad que llega
con las olas del mar.
¿Cómo será?
a veces soñamos
con el otro lado.
en este jardín
de vidrios rotos
en esta inmensa jaula
de hierros retorcidos
seguimos cantando
a la vida
que nos abandona
frágil y fiel
en devastados paisajes
de polvo y desolación.

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