El agua es
un animal
afable.
La recojo
la dejo aquietarse
en mi mano.
En su piel percibo
las cicatrices del océano
la noche de diluvio.
Bajo el sol
su rostro destella
y me invita:
Entonces, descalzos
jugamos
como niños pobres.
La tarde acoge
este encuentro
de mar y pensamiento
de sangre y humedad.
Después llueve,
y sin despedirse
uno de ambos
partirá a cumplir
su misión en el mundo.

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