sábado, 11 de noviembre de 2023

REFLEXIÓN: PLEGARIA


Detenerse en las cosas, parar un momento, dejarse arrastrar por cualquier minucia, o darle una vuelta a cuanto ocurre pero sin una dirección precisa, ni con urgencia alguna por encontrar certezas o certidumbres, sin hacer caso de los falsos cantos de sirena de quienes quienes supuestamente quieren salvarnos de peligros que ellos mismos han creado. Estoy convencido que esa sería la mejor filosofía de vida: la única manera de contribuir a mejorarnos en lo individual y lo colectivo. 

La superficie de las cosas es hoy solo violencia y horror y dolor e insensatez. Y cuanto uno observa vuelve a aparecer una y otra vez, como si ya no hubiera manera de darle la vuelta a lo que sucede y adivinar ese otro mundo que deberíamos estar celebrando paso a paso. Ya solo existe el infierno. Cada uno está hecho de lo que ha vivido y del mundo donde lo ha vivido, y esto nadie nos lo puede quitar. Pero el mundo destila odio, existe tanta acumulación de ese terrible sentimiento que resulta inevitable que uno ya no sepa lo que hacer, quizás salvo caer de rodillas y entonar una plegaria a los dioses que no existen. Una plegaria que, como todas las plegarias, será desatendida.

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